Compasión radical

De mí madre heredé la compasión radical, de mi padre el coraje para sostener dicha compasión.

Con el tiempo descubrí que el amor que sentía no dependía de nada ni de nadie, ni siquiera de mí mismo.

Lo que siento, lo siento, más allá de que alguien haga o me diga algo. Pues, a juzgar por los hechos y las palabras, según el “axioma o lógica mental” debería de odiar, repudiar o apartar de mí vida a muchas personas, y sin embargo, me di cuenta que eso no era así.

En mí residía la compasión radical y esa era mi verdadera identidad. A veces olvido quién soy, pero instantes después vuelvo a recordarlo, y entonces, vuelvo a mí hogar.

Radical, viene de raíz. El amor de una persona se refleja en el respeto y el cuido de sus raíces. De la tierra venimos y a ella volvemos. Quien no cuida su árbol, no puede cuidar la vida. Somos el árbol, somos la vida.


Amar es dejar espacio al amor para que habite y encarne nuestro ser. A mayor espacio, más amor podemos encarnar.

El amor no puede entrar en un hogar repleto de trastos, vacíate, y entonces, solo así, podrás llenarte.

Encarnar el amor es recordar nuestra verdadera esencia. Cuando olvidamos quien creemos ser, en realidad estamos recordando quien verdaderamente somos.


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