La vida: una pulsión erótica

No trates de buscarme, pues nunca me encontrarás. Encuéntrate contigo y allí estaremos juntos.


En ocasiones surge en mi el deseo de morir, de desaparecer, de destruirlo todo y de extinguirme en el vacío. Entonces, reconozco que ya estoy muerto, y que no puedo volver a morir.

Así, recuerdo que estoy recordando.

Recuerdo que lo que soy está más allá de la vida y de la muerte.

Recuerdo que lo que veo es solo la memoria de lo que existió, que evoca el recuerdo de la vida que yace en mí.

Vivir es recordar, sostener el recuerdo, la paz y el gozo de ser vida.


Nos encandilamos con la muerte y nos olvidamos de vivir.


Lo importante no es estar vivos, sino saber que la vida está en nosotros. Que somos la vida.

La sexualidad sagrada, el gozo sagrado, nos hace recordar la esencia de las cosas, que no somos nada, y a la vez lo somos todo.

Somos la libertad de ser y el recuerdo de olvidarnos de recordar nada.

El amor consciente.

Somos, y no somos.