El arte de observar

La presencia, una mirada.


Se nos olvida que venimos a OBSERVAR, no a participar en la obra de la vida. La obra ya está hecha, nosotros no tenemos que hacer nada.

Es por querer participar en algo ya terminado, que lo volvemos incompleto.

Venimos a Ser, no a hacer. Aquí no hay nada que hacer. Está todo hecho.

Quizás ese es nuestro mayor dolor de cabeza, aceptar que la vida funciona al margen de nosotros y que no nos necesita para funcionar.

Venimos a aceptar la vida tal como es, no como queremos que sea.

Aceptarnos como somos, no como nos gustaría ser. Aceptar al otro como es, no como nos gustaría que fuera. El otro ya es al margen de nosotros, por mucho o poco que nos duela.

Aceptar sin necesidad de aceptar. La vida nos da libertad para aceptar o no aceptar. Porque la vida no necesita nuestra aceptación para ser.

Aceptemos o neguemos, la vida sigue al margen de nuestra aceptación o negación.

Si aceptamos vivimos en paz con lo que somos, si negamos vivimos en guerra.

De alguna forma o de otra la papeleta del ser humano no tiene premio ni recompensa.

El premio es poder observar la belleza de la creación.

Negamos para tener algún papel. Para ser el centro, sin embargo, al querer ser el centro, creamos una lucha entre centros.

Decimos que sí, cuando en realidad estamos diciendo que no. Porque no podemos saber que decimos que sí. No hay nadie que diga que sí.

Mientras viva creyendo que tengo algún papel, viviré el calvario de vivir encadenado a mi propia obra, una obra que se desarrolla al margen de la obra original. Pagaré el precio de mi soledad.

No se trata de estar contigo o no estar, se trata de estar más allá de ti y de mí. Estar más allá de estar.

De lo contrario, siempre querré robar un trozo de obra, para evitar que te marches. Almacenaré en mi una imagen de lo que creo que eres tú, como el que guarda un souvenir, para evocar tu presencia, sin darme cuenta de que mi amor por tu imagen es lo que me impide encontrarme realmente contigo.

Seré esclavo de la imagen, de la representación que he guardado sobre ti.

Las imágenes no son buenas o malas, lo que importa es la consciencia que ponemos en/sobre ellas. Estamos hechos de imágenes y símbolos.

Sin embargo, lo que somos está más allá de cualquier imagen y representación.

Por eso, cuando nos reducimos a una imagen, cuando reducimos el mundo a una representación, ésta nunca hace justicia a lo que somos. Somos una imagen y a la vez somos todas.

Mientras nos busquemos en representaciones, seremos niños que buscan un papá para que les haga un boceto de lo que es la vida.

Mientras trate de secuestrar un recuerdo para retenerme/te para siempre, ese recuerdo, será mi perdición.

El recuerdo es simplemente la invitación a aceptar aquello que estamos negando.

Recordar es re – cordar, volver a ligar a los hilos de la vida, aquel hilo que nunca estuvo separado de la urdimbre del destino.

Re – cor – dar, unir en el corazón todo aquello que hemos creído que estaba fragmentado.

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