El amor es una no-experiencia

Nuestro afán de querer saber, de conocer qué es el amor, genera el miedo, que se constituye como ente aislado para conocerse a sí mismo y volver al lugar de donde partió.

Asociamos el amor con una reacción, y necesitamos esa experiencia como forma de respuesta a eso que hemos llamado “el amor”.

Buscamos dar respuesta a una pregunta que no tiene respuesta.

Todas las respuestas son inútiles y a la vez válidas, en el significado del amor.

El amor es una no-experiencia.

Esto, puede ser una desilusión mortal, para los ávidos buscadores de experiencias, los expertos en el escapismo fantástico-emocional, los amantes de las montañas rusas, las experiencias extáticas, extrasensoriales y transpersonales.

En definitiva, para todos aquellos infantes vacíos y hambrientos de pecho materno, que buscan un poco de “golosina” que calme el desasosiego de vivir.

El amor no es irse, es quedarse.

El amor no es llegar, es mantenerse.

El amor no es buscar, es ver lo que ya es.

Cada uno es libre de utilizar la “medicina” que precise para llegar a la misma conclusión, siempre que llegue y no se quede atrapado en el nudo, la trama, creyendo que el nudo es eso que estaba buscando, sin acabar de llegar al desenlace.

Claro está que, ser conscientes de la inexistencia de los Reyes Magos implica renunciar a una fantasía, y también a recibir unas golosinas.

Así, muchas personas prefieren seguir atrapadas en la historia, en el nudo, por miedo a llegar al desenlace.

Nos han educado en una visión lineal del tiempo que nos lleva a creer que después de la trama, no hay nada, que es el final.

Quizás tengan razón, no hay nada. Pero en la nada, es donde el todo puede surgir.

Y sí, es UN final, pero también UN inicio. No es EL final.

Lo que resiste al paso de los huracanes de la vida es lo que necesitamos. Se caen las hojas, pero las raíces que nos sujetan permanecen intactas. El tronco se mueve con flexibilidad para adaptarse a las circunstancias, no permaneciendo rígido, pues la rigidez es la que provocaría su muerte.

Lo esencial nunca muere.

La vida hace cíclicamente inventario de todo aquello que es superfluo y no contribuye a nuestro cometido.

Solo resiste lo que contribuye al propósito de recordar el cometido de este viaje.

Reconocer la vida como una infinitud de expresiones de amor.

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