III. El encuentro

El Tao engendra el Uno,
el Uno engendra el dos,
el dos engendra el tres.
El tres engendra todos los seres.
Todos los seres llevan la sombra a sus espaldas
y la luz en los brazos.
Y el aliento de la nada resuelve la armonía.
Aquello que el hombre aborrece,
la soledad, la pobreza, la indignidad,
es el título requerido por los soberanos.
Porque lo que se disminuye crece
y lo que se engrandece es disminuido.
Yo enseño lo que otros han enseñado:
“el hombre violento no tendrá una muerte natural”.
Esta es la guía de mi enseñanza.
(Tao Te King)


El encuentro con lo esencial siempre está sucediendo, somos lo esencial.

No podemos vernos, sentirnos, porque somos eso, la esencia de todas las cosas.

Solo podemos ver lo que hacemos para para no ser, para huir de nuestro encuentro.

Dado que no podemos reconocer que ya somos eso que deseamos ser, que ya hemos llegado a donde queremos ir, que ya estamos con quien queremos estar, nuestro camino pasa por reconocer la voz de nuestra negación.

Vemos nuestro rechazo, sentimos el miedo, el deseo.

El intento de separarnos.

Nuestro encuentro ya está ocurriendo antes de encontrarnos.

El deseo es el indicador de que hemos llegado a la estación.

Reaccionar al deseo, implica, no encontrarnos, no llegar nunca.

En el Ser no hay nadie que se sea.

En el encuentro no hay nadie que se encuentre, simplemente nos encontramos.

No hay un encuentro más allá del encuentro.

Cuando siento ganas de verte, ahí me encuentro contigo.

Verte implica abrazar la forma que he establecido para que se produzca el encuentro y también abrazar la forma para que no se produzca.

Verte implica verte y también no-verte.

Hay una forma de vernos que está más allá de vernos. Si nos volvemos esclavos de una parte, la que identificamos con vernos y rechazamos la otra (no vernos), nunca podremos encontrarnos y vernos de verdad. Es abrazando ambas que podemos Vernos.

El encuentro tiene lugar en un espacio-tiempo que trasciende las formas.

Necesitar verte, me impide verte, porque te busco y no puedo encontrarte. Me convierto en esclavo de mi deseo porque reacciono al mismo, buscándote.

No hay nadie que vea a nadie, ni nadie que se encuentre con nadie.

En la libertad, podemos vernos y por tanto encontrarnos. Mientras tengamos la necesidad de algo, no podremos ver más allá de los velos de nuestra ilusión. No podremos ver más que nuestra ilusión.

Solo siendo libres de ser libres, podremos alcanzar la verdadera libertad.