II. El cometido

Todo pasa y todo queda, porque lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre el mar.

Antonio Machado

Lo que llamas tu vida es simplemente un recuerdo pasajero. El recuerdo de un niño cuando su madre lo llevaba al parque y jugaba a hacer castillos de arena.

El dolor se irá, la alegría también.

Tu padre, tu madre, tu hermano/a, todo aquello que amas, tu pareja, tus logros y conquistas, tus recuerdos de lo que fue la vida. Las teorías, los sueños, los proyectos. Cuando estés en tu lecho de muerte poco servirá todo lo que has creído que vivías, sino si lo vivías.

No importa si has matado, violado, robado, si te has pasado media vida sufriendo o media vida riendo.

Agradecerás tu muerte, igual que has agradecido cada instante de vida, no desearás otra cosa que estar donde estás, abrazando la belleza de morir. Quien se permite morir, puede permitirse vivir, y entonces, en un instante, estar más allá de la vida.

Nada trajimos y nada nos llevamos.

Nunca vinimos, nunca nos iremos.

El artista no deja de ser artista por no estar practicando su arte, pues siempre lo está practicando. En la no-acción, sigue siendo artista, pues eso es lo que es.

El pintor no deja de ser pintor por haber terminado una obra. Puesto que lo que le hace ser pintor sigue en su siguiente obra y en cada una de las no-obras que hace.

Nosotros tampoco dejamos de ser vida por terminar nuestro cometido en el lienzo del cuerpo.

El cuerpo solo es un dibujo, una obra, una representación, completada, culminada hace mucho tiempo, cuya memoria seguimos recreando, por el miedo a vernos más allá de ésta.

Pero ahí está la trampa. Solo reconociéndonos en la obra, podemos estar más allá de ella. Solo quedando atrapado muchas veces por el juego, podemos trascender el mismo.

Rechazando la ley, el cuerpo, la emoción, solo hacemos que rechazarnos y por consiguiente quedar para siempre atrapados en el deseo de reconocer, abrazar la totalidad de lo que somos.

Por eso cuando morimos, lo que hacemos es renacer a la vida eterna.

¿Esperamos a morir para morir, creyendo que vivimos o abrazamos la muerte para vivir eternamente?


“Buscar sea lo que fuere en las cosas exteriores: la paz, un lugar de retiro, la sociedad, tal manera de actuar, las obras nobles, el exilio, la pobreza o el abandono de todo, sea cual sea la grandeza adquirida, todo ello no es nada, no cuenta para nada, no da nada: sobre todo no da la paz. Semejante búsqueda no conduce a ninguna parte: cuanto más buscamos de esa manera, menos encontramos; habiendo tomado un camino falso, no hacemos sino alejarnos cada día más”.

“¿Qué hay que hacer pues? Primero, dejarse a sí mismo y, de este modo, abandonar toda cosa”. En verdad, el que renuncia a un reino, al mundo mismo, conservándose a sí mismo, no renuncia a nada. Pero el hombre que renuncia a él mismo, conserve lo que conserve: riqueza, honor o sea lo que fuere, ha renunciado a todo. […]”

“Mira, y ahí donde te encuentres, renuncia a ti mismo. He ahí lo más alto.”


Has de saber que nunca nadie se ha desprendido lo bastante de sí mismo, como para no descubrir que puede hacerlo todavía más. Comienza pues por esto, muere a la voluntad: ahí encontrarás la verdadera paz, y en ninguna otra parte”.

Maestro Eckhart