I. El recorte

Eso que llamas vida, mundo, gran Otro, es la voz de tus partes no reconocidas. Tu Ser pone cara y voz a todas las energías con las que no te identificas. Porque siempre estás contigo.

El otro que ves, es el otro que eres.

Creer que existe lo que existe, solo te sirve para que no exista otra cosa.

Limitas tu vida en base a aquello que conoces, para seguir justificando tu frustración.

El otro no es más que la justificación de un yo, de un miedo que vive alimentándose de aquello que cree ser.

Porque lo que no es, no lo sabe. Si lo supiera, ya no podría distinguir entre lo que es y lo que no es.

¿Quien es Edgar cuando deja de ser Edgar?

No-Ser, No-Edgar no implica morir, o dejar de existir. Implica abrazar, reunir dentro de un Ser mayor todo lo que Edgar rechaza.

Edgar solo es un recorte.

Cuando no-soy, entonces Soy. Dejo de sentirme solo y amenazado por el otro, porque no hay otro. Porque el otro y yo, somos uno.

¿La parte por el todo? ¿El todo por la parte?

Ese es nuestro destino, reunir en un único deseo, Ser, el ser y el no ser. El soy y el no-soy.

Integrar el mundo sin poseerlo.

Cuando criticas al otro, te estás criticando a ti.

Cuando amas al otro te estás amando a ti.

Siempre hablas de ti, estás contigo, vives contigo.

Lo que llamamos pareja, no es más que el compromiso con nosotros mismos, que se refleja en eso que llamamos Otro, de caminar, abrazar y honrar nuestra sombra, nuestro miedo.

Ese Otro, es para la concepción dual, una amenaza, porque invita al dos, a ser Uno.

Sin embargo, para el Ser, es una extensión de sí mismo.

El miedo, el deseo, la identificación no desaparece, porque si lo hiciera desaparecería el vehículo que necesitamos para experimentarnos.

Solo nos hacemos conscientes de que somos conscientes.

Y en la libertad de Ser, nos encontramos.