Cultura de la violación

“El pueblo unido jamás será vencido”.

La culpa no es el mal a evitar, el demonio, el infierno, el castigo.

La culpa es la memoria de la violación, división y represión, de nuestra naturaleza divina.

A mayor negación, más odio, y más culpa.

Alguien pensó, ya que no podemos modificar la ley, el deseo, como mínimo, podemos modificar la interpretación del mismo. Así, cambiando el significado original, y con ayuda de la violencia, nos obedecerán, aunque solo sea por temor.

Conquistando nuestro deseo, han conquistado nuestras vidas.

Hemos vivido PARA no sentirnos culpables, PARA evitar la culpa y el castigo. Hemos vivido bajo el miedo a perder nuestra conexión con lo divino y al aislamiento. A dejar de pertenecer.

En lugar de vivir, POR el gozo de ser.

Así se forja una cultura, que se justifica en mitos y leyendas muy variopintos: la separación de las aguas de Moisés, el cielo y el infierno. El pecado original, el paraíso perdido…

Cualquier historia que sirva para olvidar que en origen éramos uno y no vivíamos separados ni aislados de nada. El hombre de la mujer, o el Ser y la naturaleza.

Sin embargo, se les olvidó que estamos hechos de agua, agua que corre por nuestros huesos y por nuestros corazones. Agua que no olvida, agua que lleva dentro de sí la memoria de todos los lugares por donde pasó, de todas las vidas que se conectan entre sí en un espacio común. El corazón de la vida.

Nuestros cuerpos hablan, nuestros cuerpos no olvidan, nuestros cuerpos nos recuerdan que nacimos para gozar, no para sufrir.


Vivimos en un mundo de “amor al prójimo, amor a otro” paradigma dual, pero no amor a lo que somos.


Es una trampa, no podemos no amar al otro, y tampoco podemos no amarnos a nosotros mismos. El otro somos nosotros, el mundo que vemos es el mundo que somos.

¿Cómo “arreglaron” esto?

Haciéndonos creer que hay un YO y un TU, y que la vida básicamente es una balanza, donde un lado representa el Yo y el otro el tú. La balanza nunca puede estar en equilibrio porque el equilibrio destruye, amenaza ésta mentalidad.

Así, cuando sentimos culpa estamos sintiendo esa emoción que viene a decirnos que hay algo que quiere ser compensado o equilibrado.


Nos manipularon en base a sentirnos egoístas, culpables, para que bajo el miedo a dejar de pertenecer, y perder nuestra conexión con lo divino, tuviéramos que entregar, sacrificar nuestra vida, nuestra energía, por el amor y la pertenencia a algo (religión, estado, grupo) o a alguien.


Hasta aquí, la historia que nos han contado.

No es tan importante el motivo por el que necesitamos complacernos, como si lo es, el hecho de que necesitamos complacernos.

No importa qué necesidad, deseo, anhelo tengo, o qué color tiene.

Lo importante es que estoy honrando mi deseo, y mi deseo es divino, todo lo que yo soy y siento proviene del amor.

Soy amor, y no hay otra divinidad que lo que soy, siento y expreso a cada instante.

De lo contrario, estoy generando culpa y miedo, al separar y decir que hay partes de mí que no merecen vivir, y otras que sí.

Respetando nuestros sentimientos, deseos y necesidades, estamos respetando la vida.

Ese es nuestro mayor compromiso, ser guardianes de la vida que corre por nuestro interior, guardianes del agua, del manantial de vida.

¿Qué me siento culpable por tener esa necesidad? pues acepto mi necesidad, con culpa. Negarla solo hará que reforzarla.

Establecer obligaciones y condiciones para satisfacer un deseo solo nos encadena más a él. La única forma de satisfacer una necesidad, es satisfaciéndola.

El amor libera, el miedo y la culpa nos encadena, genera más culpa, más miedo.

Hacemos todo lo posible por evitar el miedo y la culpa, llegando incluso a destruirnos.

Nos destruimos, destruimos el amor porque nos sentimos culpables.

Sin embargo, no recordamos que el deseo es amor, que no hay separación entre el amor y el miedo. Que el miedo, es amor.

La culpa o el miedo no son más que amor inconsciente, amor que quiere ser reconocido.

No importa el porqué siento lo que siento, eso solo es una excusa para huir de lo que siento.

No importa si te echo de menos porque te necesito, porque quiero afecto, porque me pica la espalda, o porque te amo. Todas las necesidades son de la misma fuente, del amor.

ACEPTO, me doy PERMISO.

Lo importante es que utilices tu capacidad de amar, para aceptar que sientes lo que sientes, no porqué lo haces. Buscar porqués es otra vez entrar en la culpa, para alimentar el mismo miedo que pide justificaciones.

Así destruimos aquello que amamos porque lo necesitamos y eso nos causa odio. Porque supuestamente atenta contra nuestro ideal de libertad.

¿Qué libertad? ¿La falsa libertad que dice que podemos liberarnos de lo que sentimos, de lo que deseamos?

El mismo miedo diciéndose a sí mismo, que puede liberarse de sí.

Lo siento, pero lo que deseamos es demasiado fuerte como para liberarnos de ello.

Podemos huir temporalmente, inventar mundos, personas, distraernos haciendo otras cosas, pero tarde o temprano, el agua nos desbordará y entonces nos inundaremos.

Porque somos deseo, somos amor, somos agua.