Vivir es recordar

Pasamos la vida intentando recordar la vibración del latido de nuestro corazón.

Ese eco perfecto, una melodía que vibraba en todo nuestro ser al unísono.

Ese lugar, espacio, tiempo, donde éramos uno.

La emoción a la cual pertenecíamos.

Relajado en la bañera, bajo el agua, recordé la sensación de ser uno con el todo.

Al escuchar mi corazón latir por todo mi ser al ritmo de un compasivo tambor, recordé la esencia de la vida.

El sexo, el deporte, una actividad artística, meditar o hacer yoga, lo que hacen es encargarse de romper nuestros diques y relajarnos, llevándonos a la escucha. En la escucha, recordamos.

El orgasmo produce la rotura de las fortificaciones armadas para no sentir nuestro corazón, la relajación nos permite escuchar el sonido de la creación.

Recordar ese lugar donde nos sentíamos resguardados y amparados en el vientre de nuestra madre.

No es por hacer, es porque dejamos de hacer, y nos relajamos.

Recordamos la melodía perfecta que calmaba todos nuestros instintos de supervivencia.

Vivir es recordar, recordar la vibración de nuestro hogar.