La paz

La paz es la distancia que hay entre lo que somos y lo que creemos ser. A menor distancia, mayor paz. A mayor distancia, más violencia y por tanto, más desasosiego.

Mientras creemos ser algo, lo crearemos, para darnos cuenta de lo que somos.

La vida es simplemente el reflejo de lo que creemos ser.

Creer es crear, nuestros pensamientos son creadores, son formas de energía que llevan en sí mismas el potencial energético de toda manifestación.

No existe Dios como un Padre que satisface los deseos y las demandas de las personas, que condena a los malos y premia a los buenos.

Nosotros somos Dios, Consciencia, Amor, como le queramos llamar. Tenemos la capacidad de manifestar la vida que deseamos. Solo debemos de cuidar, pulir la herramienta, para que esta manifieste aquello que realmente deseamos y no lo que creemos desear.

Los pensamientos son las semillas que dan lugar a toda manifestación. Los pensamientos son los mapas, la energía potencial, que sembrados en la tierra fértil de nuestra consciencia, dan lugar a lo manifestado.

Así que en cierta forma, somos responsables de las semillas con las que abonamos nuestra tierra. No porque seamos las semillas, sino porque éstas dan lugar a la vida con la que nos identificamos.

El fuego puede quemar un bosque o puede calentarme durante la fría noche, es la consciencia que pongo sobre el fuego, el uso que le doy, lo que determina, lo que genera una cosa u otra.

Podemos vivir de forma consciente o de forma inconsciente. Podemos vivir con los ojos abiertos o con los ojos cerrados.

A menudo ver, no es precisamente tener los ojos abiertos. Podemos mirar y no ver nada. Y no mirar y verlo todo. Es el ojo del corazón, de la Consciencia, el que ve.

Así que si nos tomamos por un sexo, manifestaremos en otro la violencia que le hacemos a nuestro ser, escindiendo nuestra naturaleza. Veremos en el mundo el reflejo de nuestra propia violación.

Generaremos odio hacia el sexo que percibimos como contrario, simplemente porque este odio encierra la energía potencial que nos lleva a integrar eso que hemos separado mediante un pensamiento.

De nosotros depende como usamos esa energía que hemos nombrado como odio, que no es más que el mismo deseo que trata de recordar, de unir, lo que nunca estuvo separado.

Podemos salir a la calle a condenar cualquier tipo de acto que consideramos un atentado contra nuestra dignidad o integridad. Sin embargo, no somos conscientes de que defendiendo una postura, estamos generando otra.

Quizás antes de salir a hacer la guerra, habría que hacer la paz en nuestro interior, preguntándonos y reconciliándonos con aquello a lo que nos hemos vendido, aquello que hemos creído ser.

Quizás deberíamos mirarnos, para dejar de contaminar el mundo con nuestros pensamientos. Y ver que la vida que vemos, es la vida que somos. Que la mayor contaminación, es la contaminación mental.

Tomar partido, es alimentar inconscientemente el extremo opuesto-complementario con el que no nos identificamos.

No hay mayor partido, que no tomar partido.

Defendiendo la paz, estamos generando la guerra.

Protestando contra la violación, estamos generando más violación.

Protestando contra el maltrato, estamos generando más maltrato.

Protestando contra el hambre, estamos generando más miseria.

Porque simplemente estamos reaccionando.

Mientras sigamos reaccionando el mundo solo reflejará nuestra propia reacción.

Y esto no significa que defienda al maltratador o al maltratado, al rico o al pobre.

Defiendo el espacio de unión donde ambos pueden coexistir, la dignidad del ser. Defiendo un lugar de encuentro más allá de todo nombre, etiqueta y juicio.

Un lugar donde el vacío incluye el todo, y el todo incluye el vacío. Un lugar donde las cosas son y no son.

Porque los juicios nos sentencian. Destruyen lo que somos.

¿Qué somos? Te invito a descubrirlo.

La vida ocurre en nuestro interior, y toma forma en eso que llamamos exterior.