Expresar el amor

Vivimos repitiendo una memoria inconsciente hasta que algún día podemos vivirla.

La sexualidad que expresamos, es la memoria de la repetición de una sexualidad infantil reprimida.

Seguimos buscando el pecho de nuestra madre y jugando a sentir el placer de que ella nos limpie los genitales y con ello nos enseñe a masturbarnos.

Lo que llamamos hacer el amor, en la mayoría de personas, no es más que una masturbación conjunta. No hay nadie que haga el amor.

Bajo el amparo inconsciente del deseo, del anhelo de volver a nuestra madre, seguimos buscando eso que hacía nuestra madre: chupamos otros pezones, y nos masturban otras personas creyendo que hemos crecido.

Así forjamos en base a la frustración de nuestro deseo de fusión, simbiosis, un yo que se cree aislado y diferente del mundo.

Forjamos un “Yo” que necesita el coito como el adicto necesita su dosis, pues este, le da momentáneamente esa sensación de sentirse en unión, en completitud. El coito se convierte así, en una forma de recuperar esa ansiada pertenencia o conexión perdida.

Lo único que ha crecido en nosotros es nuestra amnesia. La misma que nos recuerda cada vez que surge el deseo, que se nos robó algo muy valioso solo nacer.

El gozo sagrado al cual pertenecemos, de donde venimos y hacia donde vamos.

El amor no se hace. El amor se expresa.

Somos expresiones de amor que se dibujan en múltiples formas según la resonancia que encuentran a su paso.

Gozar de lo que somos no es un tabú, lo tabú, es ser conscientes de nuestro gozo.

El gozo, es increíblemente perturbador.