La verdad del encantamiento

¿Qué es un encantamiento, un embrujo?

¿Quién encanta a quien?

Si nos consideramos entes aislados, un encantamiento no es más que una fórmula energética para conseguir energía, un robo de energía.

Un extremo se constituye en el polo positivo entendido como emisor y el otro extremo, en el negativo, entendido como receptor o pasivo.

Uno expande y el otro se contrae. Ambos son igual de válidos, no hay mejores ni peores, simplemente son formas de expresión energética.

Nuestra cultura ha idealizado la energía positiva o emisora. La alegría, la ira, la rabia (la guerra), la acción, la exteriorización, la conquista, el logro, el liderazgo…

Y ha despreciado la energía negativa, la tristeza, la paz, la calma, la interioridad, la escucha, el silencio, el reposo, la sensibilidad y receptividad entre otras.

Cuando uno se constituye en un polo, magnetiza, atrae al otro. La energía es magnética y siempre tiende a la cohesión, a la reunión, a la síntesis de sí misma.

Somos relaciones de intercambio y por tanto, no hay lugar para individualidades ni identidades aisladas, la única identidad es siempre conjunta.

Ahora bien, dado que fruto del miedo nos constituimos como entes separados, ahí necesitamos suministros de energía constantes para llenar el vacío y colmar el terror de nuestra separación. De nuestro aislamiento.

Allí donde pones tu atención, entregas tu energía.

Así, hablamos para no decir nada, para escucharnos. Hablamos para robar atención, energía.

Callamos para robar energía, pues sentimos miedo al rechazo y el miedo nos hace callar.

Deseamos para obtener algo que nos falta, porque nos sentimos vacíos y carentes, no teniendo nunca suficiente.

Amamos para recibir amor, no para dar. Amamos para pedir amor.

No amamos, con el mismo objetivo, pedir amor. Para robar amor y atención de los demás, sin necesidad de dar. Para que nos den constantemente atención.

Si la naturaleza de la energía es estar viva y en intercambio, ¿cómo podemos estabilizar algo que está siempre en movimiento? ¿cómo pretendemos encerrar en una jaula algo que ha nacido para desplegarse? ¿cómo podemos separar lo inseparable?

Es como querer guardar la lava de un volcán en un recipiente, sin modificarlo o ser la lava modificada por el recipiente.

Entonces… ¿Quién es quién?

Pues no hay identificación posible en los extremos. Porque uno, lleva al otro. Se necesitan mutuamente. Así que son igual de víctimas y de culpables.

Es una trampa identificarse con algo, caemos en nuestra propia pretensión de saber que polo es el mejor.

No hay separación posible.