El sol

El sol ilumina, expande vida, sin necesidad de que nadie le agradezca su obligación.

El sol ilumina, sin esperar que los árboles y las plantas le agradezcan el germinar de sus frutos.

El sol ilumina, sin esperar que el mundo le de las gracias por su cometido. Simplemente cumple con su naturaleza, con su obligación.

La obligación es un acto de responsabilidad, de amor, de devoción a aquello que amamos.

La obligación es un acto de amor, de cuido a lo que somos.

La responsabilidad es la habilidad de responder, responder a nuestro llamado. El llamado es el amor, el cuido de nuestra esencia.

Solo podemos ver como constantemente queremos huir de nuestra responsabilidad, huir de nuestro cometido, dejar de amar.

El sol ilumina, porque esa es su naturaleza, porque sino, no seria sol. Entonces, seria otra cosa, y habría perdido su esencia.

Si el sol viviera esperando que alguien lo viera, ya no sería sol.

Nuestra naturaleza es brillar. Nuestra obligación es cuidar lo que somos.

Solo tenemos que cuidar lo que por derecho nos pertenece. Nuestro gozo sagrado.

Vivimos esperando el aplauso de los demás.

Esperar es huir de nuestra tarea.

Para liderar primero hay que aprender a obedecer.

Para hablar, primero hay que aprender a escuchar.

Para brillar, primero hay que aprender a reflejar la luz.

Para ser maestro, primero hay que ser aprendiz.

Para amar, primero hay que aprender a sentir el miedo, el deseo.

Así, hasta que fruto de la repetición, surge una energía que brota del corazón. La esencia de las cosas.