Promesa

El amor es una promesa. No un deseo, un movimiento fugaz y espontáneo, sin raíz.

El amor es la promesa de amarnos.

El amor es la manifestación de la fuerza de la vida, que está más allá de cualquier circunstancia y evento.

El amor es la fuerza y persistencia del agua que no se detiene ante ningún obstáculo, ni encuentra impedimento para llegar a la orilla, y romper contra la arena.

El amor es la promesa de seguir remando juntos, cuando todo se derrumba, porque tenemos fe en nuestra unión.

Sin embargo, no podemos sostener nuestras promesas, porque hemos perdido la fe. La fe no es en una palabra, en un contrato, en algo externo sobre lo que apoyarnos.

La fe es la verdad que mueve nuestro corazón bien adentro, y que nos indica, nos señala el camino. La fe es la verdad que nos abre el camino hacia el mar.

El amor nos muestra como somos incapaces de sostener nuestras tempestades y desmoronamientos.

El amor nos muestra el desfallecimiento del deseo, sobre el que hemos depositado los cimientos de nuestra relación con la vida y con el otro.

El amor nos muestra el espejo de nuestro propio derrumbamiento, y la incapacidad de sostenernos en el vacío del amor. Prefiriendo cambiar, buscar otra cosa, buscar energía fuera, en otro estímulo, en otra persona. Como si la vitalidad viniera de fuera.

Somos incapaces de sostener nuestra emoción y buscamos otra emoción para impulsarnos.

Nos frutramos porque el amor nos muestra como de fácil nos rendimos cuando no se cumplen nuestros deseos. Cuando nuestras ilusiones se esfuman y solo queda la fuerza de la cruda realidad. Cuando creíamos que era simplemente “pide, y se te dará”.

Somos seres de baja tolerancia a la frustración.

El amor no es abandonar el barco, porque la tormenta ha roto parte del bote, para buscar otro más bonito.

El amor es trabajar juntos en nuestras sombras y en la reparación de los daños provocados por la tormenta.

El amor es tener fe en lo que nos unió y no alimentar todo lo que el miedo, el deseo, nos dice que nos separa. El mismo deseo que nos lleva a buscar a otro/a.

Para amar se necesita coraje. Un corazón valiente, dispuesto a entregarse. Para amar se necesita la fuerza del guerrero para batallar contra los demonios de la incertidumbre, de la impotencia, y de la insignificancia.

Para amar hace falta un barco, lo suficientemente robusto, para cruzar el mar del deseo y no morir en el intento.

Para amar, solo hace falta amar.

Lo que ha unido el amor, que no lo separe el deseo.