Tu destino eres tú

El motor de mi vida siempre fue el amor.

Creía que el amor era encontrar a una persona a quien amar.

Ahora me doy cuenta que no es amar a algo o alguien, sino ser amor.

Mi sueño siempre fue fundirme en un único deseo con el mundo. Un mundo que veía como ajeno a mi.

Ahora me doy cuenta que no estoy aislado del mundo y vivo feliz mi sueño, me abrazo, amo, abrazo el mundo, la vida, mi vida.

Ser amor es usar mi capacidad de amar, para amarlo todo.

Ser una luz que ilumina cada instante de la vida, cada situación, cada pensamiento, cada sentimiento. Solo así, estoy viviendo mi sueño.

El amor es compasivo. Da libertad, alas. Es el amor de la madre naturaleza que ama a sus hijos pese a que la hieran y/o se vayan, la abandonen, porque son sus hijos, porque pertenecen a la madre tierra.

Nuestra gran madre no deja de amarnos, de darnos vida.

El amor permite que nos equivoquemos, que aprendamos que hay caminos que no nos hacen bien, que siempre hay alguien esperándonos con sus brazos abiertos, dándonos su infinita compasión.

El amor no pide, el amor da.

El amor no ama por una razón, la razón es amar.

El deseo pide. Y en ese pedir se vuelve mendigo, se vuelve carente de lo que pide.

Mientras pido no puedo obtener.

Mientras sienta hambre no puedo saborear. Porque el hambre invade todo mi ser, impidiendo saborear lo que me llega.

Cuando creas haber encontrado el amor, suéltalo. Solo así, serás libre, y el amor volverá a ti.

Así podrás volver a encontrarte con él. De lo contrario, destruiras el amor, y también a ti mismo.

Nuestra naturaleza es cambio.

El pájaro quisiera ser cielo y el cielo quisiera ser pájaro.

Tu búsqueda te impide encontrar. La búsqueda es tu perdición.

El deseo representa las nubes, que cubren lo que ilumina el sol.

Acepta y ama las nubes, así como amas el sol.