El arte de morir

Ella me inició en el arte de morir. Fue mi maestra. Con su belleza sutil, me invitó a abandonar todo cuanto me identificaba. Ella era mi pulsión de muerte. Su presencia me hacía estallar, inmolarme en el todo.

Nadie nos enseña a vivir. Pero tampoco nadie nos enseña a morir.

Vagamos por la vida por puro instinto de supervivencia. ¿Somos tiburones, cocodrilos, escorpiones? Cada uno de nosotros podría identificarse con un animal. Todo y que estamos a años luz de su sabiduría.

Más que vivir, sobrevivimos.

¿A qué sobrevivimos?

¿Al hecho de tener consciencia de sabernos humanos y saber que vamos a morir, y eso nos hace defendernos de nuestra propia muerte?.

¿Si sabemos que no vamos a salir de esta vivos, para que postergar la agonía?

Nuestras personalidades son como un cáncer. Que no sabes cuando va a llegar el final, pero sabes que estas muriendo, batallando contra no sé qué. El viento, nuestros pensamientos.

¿Y si dejamos de batallar y abrazamos nuestra muerte, para abrazar la vida?

Así en vez de reaccionar a lo que más tememos, y sobrevivir, empezamos a vivir.

Vivir dando gracias por todo cuanto ocurre, abrazando lo que llega y soltandolo cuando ha llegado su final. En un ciclo constante de renovación.

Vivir gozando de cada instante, más que padeciendolo.

¿O es que dan premio al más masoquista?