Prostitución

Mis maestros y maestras han sido todas las personas que me han compartido un trozo de su corazón y me han acompañado durante unos instantes en la vida.

Recuerdo que siempre desee conocer a una persona que ejerciera la prostitución, para saber, conocer, qué siente alguien que presta o en aquel entonces para mí, vende su cuerpo a cambio de dinero.

Reconozco que me fascinó. Sentí un profundo amor, mucha compasión y belleza.

El miedo se iba disipando, y pude sentir a ese ser más allá de un objeto, que era como la había visto siempre.

Verla y amarla como una profunda maestra sanadora.

Simplemente conversando.

Su tarea era transmutar, transformar lo oscuro y denso en luz y amor.

Ella acogía todo lo pesado y desechado que muchas personas rechazaban y lo transformaba.

Si ella no existiera, junto a muchas otras sanadoras, el mundo estaría lleno de destrucción y caos.

Sentir placer es la condición natural, original de nuestra existencia. El placer nos libera, el deber nos esclaviza.

Y aunque el placer al que me refiero no tiene nada que ver con el placer coital, éste es el vestigio, la memoria de nuestra historia de castración.

Todos somos sanadores y sanadoras.

Todos hemos prostituido nuestra energía en vínculos en los cuales el dar y el recibir no se ha dado en reciprocidad.

Todos en algún momento hemos buscado pertenecer. Ser reconocidos por el otro. Hemos dado el poder a la mirada ajena para que reconociera lo que somos.

En esa entrega de poder, hemos prostituido lo que somos.

Todos somos valiosos, nada nos da valor, ni nos lo quita. Nada nos hace ser o no ser.

Porque el valor está en nosotros, en lo que somos, no en lo que hacemos. No tenemos que hacer nada para tener valor, para ser, porque ya somos.

La prostituta no pierde su dignidad por lo que hace, porque la dignidad es su condición natural, y no puede perder lo que es.

Para mi la prostitución define el intercambio inconsciente y desigual de energía. No el intercambio per se.

Todos prestamos nuestra imagen y por tanto, nuestro cuerpo a muchas otras personas, para que se alimenten y nutran de nuestra energía.

Podemos hacerlo de muchas maneras, podemos hacerlo de forma consciente o inconsciente.

Al final, la vida no es más que una transferencia de energia de una forma a otra. Donde una forma muere para dar vida a otra, que morirá en una sucesión de interacciones y ciclos.

Podemos creernos vírgenes y ser putas. O podemos creernos putas y ser vírgenes.

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