Pedir otra cosa

Toda la vida es un instante, y un instante es para siempre.

¿Mi destino? Ahora, justo en este lugar, sintiendo lo que sientes, pensando que piensas. 

La vida en realidad es bastante sencilla y poco seria.

Nosotros la volvemos seria y complicada.

La vida es la constante oportunidad para amar, aceptar, abrazar lo que sucede, y por tanto lo que somos, nuestra naturaleza compasiva.

Aceptar el devenir, el ser. La constante renovación de la vida en cada instante.

Cuando no hago uso de mi naturaleza, siento dolor, porque me estoy prostituyendo. El dolor es no amar, no aceptar.

El dolor es buscarme en un pensamiento.

Por ejemplo,

Surge un pensamiento que me dice que necesito dinero para vivir.

Entonces, o bien acepto que lo necesito y en ese instante, soy libre de necesitarlo. Puedo usar mi dinero libremente.

O bien, niego necesitarlo y me convierto en esclavo de mi necesidad, porque estoy negando mi condición básica que es, aceptar, amar lo que sucede.

No sufro porque necesito dinero. Sufro porque no acepto necesitar dinero.

Como no quiero aceptar que lo necesito, por miedo a aceptar, entonces surge otra cosa, para que la acepte.

Así, me convierto en esclavo del dinero, para aceptar lo que había negado.

Porque no hay otro camino que aceptar.

El problema no es el dinero (lo que es).

El problema son los pensamientos que me dicen un montón de cosas sobre el dinero, y que me apartan de aceptar el dinero, que no es más que un pensamiento.

Unos pensamientos jugando a ser más fuertes que otro pensamiento, unos pensamientos haciendo bullying, a un pensamiento. El fiel reflejo de esta sociedad.

Mi naturaleza no es pedir, pensar, mi naturaleza es observar lo que pido y pienso. Soy la consciencia que pide y piensa.

De otro modo, me convierto en cada cosa que pienso y deseo, convirtiendome en una marioneta.

Siempre pido para no aceptar. El pensamiento es el que me dice, sí, necesito esto, necesito lo otro.

Porque si acepto, ya no hay lugar para el pensamiento, y entonces se extingue, muere.

Detrás de cada miedo, hay un pensamiento que hace de guardián y me dice algo que inhibe, bloquea, mi naturaleza. Pongamos por ejemplo, que detrás del miedo a aceptar que necesito dinero, está el pensamiento de que tengo que ser libre. Y si dependo del dinero, ya no soy libre.

Buscamos a Dios a través del pensamiento. La estabilidad que tanto anhelamos, la permanencia, la eternidad.

Todo lo que sea para evitar la fugacidad de un instante.

El dinero, tu mujer, el coche rojo, tu jefe, el vecino, no nos hacen nada.

Reaccionamos a aceptar, y por eso nos hacen. Porque nos devuelven el reflejo de nuestra no aceptación.

Creemos que alguien nos hace algo porque le pedimos algo que no cumple y al no cumplir, decimos que la culpa es del dinero, de mi mujer por ser tal cosa, o de mi jefe por ser un capullo…

El dinero ha sido toda la vida dinero, y le ha ido muy bien.

Tu mujer ha sido toda la vida desordenada, independiente y despistada, y le ha ido muy bien.

Llegamos nosotros y nos creemos con el derecho de pedirle que sea otra cosa.

Un pensamiento, pidiéndole a otro pensamiento que sea otra cosa.

No se trata de pedir o no pedir. Desear o no desear.

Podemos desear, el problema es cuando no cumple nuestro deseo, el problema es cuando nos volvemos ESCLAVOS de nuestro deseo.

Nos cuesta ver que el otro no tiene ninguna obligación.

La obligación la tenemos nosotros, de aceptarnos, abrazarnos así, con nuestros reclamos y pataletas.

Pero como lo evitamos, lo proyectamos, le pasamos la responsabilidad al otro.

¿Qué somos niños buscando un papá y una mamá para que nos compren la piruleta que tanto pataleamos?

Lo mejor que te puede pasar en la vida es que alguien no te satisfaga.

Es como cuando conocemos a alguien y vemos algo que no soportamos y que queremos que cambie. Esa persona ha sido siempre así.

Querer que cambie es violencia. El problema no es como es, el problema es como queremos que sea, lo que le pedimos que sea. 

Es lo que hacemos a nuestra esencia, a través de los pensamientos.

Nos los creemos, y siempre estamos tratando de cambiar algo, para no aceptar lo que YA ES.

Entonces, nos vendemos, vendemos nuestra libertad a una voz interna que nos dice algo. Buscamos estabilidad, identidad, permanencia y la buscamos a través de los pensamientos.

El problema no es lo que es, es lo que deseo que sea. Lo que quiero. 

Las cosas no son malas ni buenas.

Simplemente SON

ACEPTO las cosas o NO las ACEPTO.

No necesito cambiar lo que pienso, lo que siento.

Solo abrazarlo.

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