Oda a mi camino

Cuando no estás habitando este instante, estás generando una deuda inconsciente que alguien en algún momento de la vida tendrá que compensar.

Cuando no eres presencia, tus vivencias se convierten en deudas, pues no estás viviendo la vida que se te ha dado.

Imagínate que un día matas, violas, torturas a alguien, y no eres consciente de porqué lo has hecho, incluso puedes llegar a negar haberlo hecho porque no eres consciente de tal acto. Como sucede con muchos presos que no reconocen sus crímenes.

Y imagínate al revés.

Eres consciente de que nunca has matado, violado, abusado, manipulado, torturado, envenenado a nadie, pero sin embargo te sientes culpable inconscientemente por algo que no logras entender.

Y cuando puedes sentir toda esa culpa, el desgarro, el dolor en todo tu cuerpo, te das cuenta que te sentías culpable porque en ti habitaban todas las memorias, los recuerdos, los momentos no vividos por todas esas personas anteriores a ti.

Que sientes en ti como si tu hubieras hecho eso, pero no lo has hecho, solo lo sientes por llamémoslo empatía o sensibilidad transpersonal.

Que tu simplemente has venido a sentir lo que otros no pudieron sentir, a expresar el amor que otros no pudieron vivir. Abrazarlo, aceptarlo y así ser transformado.

Porque tu eres el sueño que otros soñaron, eres la continuación de la memoria de tu linaje.

Eres el expiador sagrado de tu linaje.

Pues esa ha sido mi vida. Una vida de sentir.

Hasta que un día pude perdonarme por todo lo que sentía y dejar de sentirme culpable por vivir, por existir.

No sin antes haberme vendido, prostituido a falsos gurus y técnicas de sanación que prometían darme la fórmula mágica para dejar de sentir la tremenda culpa y ansiedad.

No ha sido un camino fácil, pues a la culpa que sentía, se le sumaba mi autoprotección mental para evitar sentir el dolor, que me decía que había tenido una vida fácil y no podía quejarme. Con lo que aún me sentía peor.

Simplemente no estaba preparado para experimentar todo ese dolor. La vida no me estaba jodiendo. Me estaba cuidando.

Hoy más que nunca digo gracias a la vida por todo lo recorrido y caminado. Y por todas y cada una de las experiencias que me llevaron de vuelta a casa. Al corazón.

Ahora puedo simplemente jugar, gozar, vivir, reír, amar.

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