Acompañar

Siento que de algún modo u otro todos buscamos sentirnos acompañados.

Pertenecer, sentirnos arropados por alguien u algo.

Sentirnos escuchados y aceptados por como somos sin necesidad de esforzarnos por ser nada.

Sentir el calor protector del regazo materno, que nos abraza y nos susurra, cariño, te amo en tu totalidad, estamos juntos, aquí lo tienes todo, mi mayor deseo es el deseo de complacerte, de complacernos.

Sin embargo, nuestro primer contacto con esa sensación, ha sido boicoteada y castrada.

Asociando el estado, el deseo natural de complacencia, a una ilusión de la que hay que liberarse, pues es eso, solo una ilusión.

Instaurando en su lugar, para compensar la terrible herida y engaño, un miedo, el miedo a carecer.

El miedo a carecer es un invento. Es el recuerdo de nuestra herida y falta básica.

Hemos conocido la carencia porque en su inicio no hubo nadie que satisfaciera nuestro deseo. El ser escuchados, y complacidos.

Aceptar ya no tiene siquiera lugar. Pues es impensable para una madre rechazar, no aceptar, no darle a su bebé lo que necesita.

La diferencia, del mismo modo, desaparece. Resulta impensable una diferencia cuando todos somos iguales en el mismo derecho de complacencia.

Todos nuestros deseos, solo por haber nacido, tienen como destino su satisfacción. No hay otro camino.

Todos formamos parte de un mismo deseo. El deseo de la madre tierra, de complacernos.

La no aceptación nace de ahí, la lucha y el conflicto, los juicios. Todo parte del deseo frustrado de la expresión natural de la maternidad de nuestra madre.

La VIOLACIÓN del deseo.

Recuperar la maternidad es recuperar la vida.

De la terrible sensación de angustia y desolación a la que queda expuesto el bebé, le queda su memoria, que es, el miedo a carecer.

El miedo a carecer es consecuencia de haber roto nuestra homeostasis natural con el deseo de nuestra madre. El producto de la violación, castración y frustración de nuestro deseo.

El miedo a carecer es la violación del deseo ferviente de amor de nuestra madre de derretirse por dentro de placer por complacernos.

COMPLACER por AMOR, NO por NECESIDAD

Y así pasamos la vida, anestesiando nuestra naturaleza, para no recordar el terrible crimen que se produce nada más nacer. Nuestra falta.

Sin embargo, gracias a la inteligencia de la naturaleza, esta no permite el olvido. Y nos recuerda constantemente eso que tanto nos dolió.

El tremendo VACÍO al que todos estamos expuestos, pero pocos tenemos el valor de sentir. Un vacío que no se llena con nada que no sea, nuestro deseo.

Estamos distraídos, creando deseos, deseos cuya fuente es la necesidad y la carencia.

Vivimos huyendo de nosotros mismos. Es normal que el mundo esté lleno de violencia. La que nos hacemos como insulto a lo que somos.

El mundo que vemos, es el mundo que somos.

El resultado de tapar, mirar hacia otros lados, financiar con nuestra energía el mismo sistema que nos violó y oprimió.

Convirtiéndonos en guardianes, defensores de nuestra propia violación.

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