La guerra

Siempre creí que la vida era una lucha donde el más fuerte se imponía sobre el más débil, los demás.

Una cuestión de supervivencia. Conmigo o contra mi. Aliados o enemigos. Una guerra, batalla constante, donde había que defenderse, mantener y expandir tu reinado, tu corona, y lograr cosas.

Donde las personas se agrupaban en torno a algo que defender y luchar por ello.

Un sexo, una bandera, un equipo de fútbol, una creencia religiosa, un ideal machista o feminista, etc.

Algo así como en la época medieval, cuando las personas vivían emmuralladas, fortificadas en un castillo, defendiendo sus bienes y fronteras en una guerra constante, que no tenía fin.

¿Qué es lo que hay que defender?

¿Qué es lo que hay que lograr?

Esta creencia tan arraigada en nuestra humanidad, se desarrollaba en casi todos los ámbitos de mi vida.

El deporte era el espacio donde mostrar mi fuerza.

Era como el anfiteatro romano. Donde los diferentes personajes mostraban su valía. Canalizaban su rabia, su ira, y se veían los mejores guerreros.

Pero yo no quería la guerra. Mi único cometido era no sentirme en conflicto, por tanto, sentirme en paz. Lo que siempre busqué fue la paz.

Ahora bien, en un mundo donde todo era competitividad, era de vital importancia ganarme un hueco para ser un buen guerrero.

Tener mi lugar en el mundo. Ser imprescindible. Eso es lo que estava grabado en mi adn, en mi inconsciente.

Pero mi guerra, era sin guerra. No vine a luchar contra nada ni contra nadie.

Mi batalla acababa justo cuando empezaba. Porque no había batalla.

Sabía que algo no iba bien en mi interior porque no me sentía bien con lo que hacía.

La guerra es un invento. La guerra es creada. No existe.

Creamos la guerra al escindir lo que somos e identificarnos con algo. Al identificarnos con algo, tenemos algo que defender.

La batalla, el conflicto lo crean los pensamientos.

Desde que nacemos ya nos instruyen para la guerra. Nos identifican con un sexo, con un nombre.

¿Para qué?

Para tener un motivo por el que luchar y defendernos. Para distinguirnos y separarnos.

Defendemos nuestra identidad inconscientemente por encima de las demás, en busca de un hueco en el mundo. Luchando por la supervivencia, como si no hubiera suficiente para todos.

Acaparandonos pensamientos, bienes materiales y personas en nuestras murallas y castillos personales.

Somos seres hambrientos. Hambrientos de poder, que temen morir, y pasan su vida neutralizando sin esfuerzo lo que más temen.

¿Si el único objetivo, destino de vivir, es morir, porqué no morir?

Morir a nuestra identificación, a nuestras creencias y divisiones internas que se manifiestan externamente en forma de diferentes personas.

Seguimos igual que hace siglos. Solo que ahora ha cambiado la forma de los castillos, y las herramientas con las que luchamos y nos defendemos.

¿Donde está la evolución? ¿Qué es este engaño?

Eso es lo que provoca la guerra. La guerra es provocada. No es connatural a la vida.

En el amor, no hay conflicto, es un baile armonioso donde todo fluye de un lado a otro.

Pero claro, en el amor no hay lugar para amantes. Solo hay amor.

Es como una guerra sin guerreros. Y claro, eso para nosotros es impensable.

Nuestro mundo está estructurado de forma piramidal. Donde sigue inconscientemente operando esta ley, la ley del más fuerte, la ley de la guerra. La ley del conflicto.

En la empresa, en el amor, en la família, en la sociedad, inconscientemente esta es la ley que rige toda la estructura de nuestra psique y por tanto de nuestra vida.

Mientras la guerra y el conflicto sean los que inconscientemente mantengan nuestra estructura interna, seguiremos generando guerras, conflictos inconscientes, para mantener el equilibrio, y la homeostasis de nuestra vida.

Para defender lo que creemos que es nuestro y merecemos.

La vida es equilibrio. Pero no un equilibrio que viene de la guerra, de un conflicto.

Es un baile erótico.

Es un equilibrio que viene del amor. De la paz, de la tranquilidad.

No tenemos nada. No somos nada.

Porque todo es un REGALO, que se nos dió al nacer, con el único objetivo de gozar de nuestra existencia.

La vida es el mayor regalo que hemos recibido. No hemos hecho ni haremos nunca nada.

La vida se expresa a través de nosotros. Pero no nos necesita para expresarse. Somos prescindibles.

VIVIMOS, GOZAMOS, Y YA ESTÁ.

En la guerra no hay ganadores, porque la guerra es siempre perdición. Perdemos todos.

El único triunfo es el del amor. El del respeto y el cuido a lo que somos.

Puro amor, puro deseo de vida rebosante.

Querer cambiar el mundo y a nosotros mismos forma parte de esa guerra que opera en nuestro inconsciente. Es violencia.

No hay nada que cambiar. Solo aceptar y abrazar lo que somos.

Como una madre compasiva que abraza a sus crías, amando y aceptando lo que son.

Manifestaciones de amor.

TODOS SOMOS MANIFESTACIONES DE AMOR.

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