Acoger

Yo no te penetro, tu me acoges en tu ser.

Me ofreces tu templo, el templo de la vida y del amor, para que nuestra semilla pueda germinar.

Cada vez que nos encontramos, me ofreces la virginidad, la pureza y lo sagrado de tu ser. Me lo das todo.

Acoges mi pene en tu vagina. Como una representación simbólica del acto sagrado de la vida.

Al igual que la madre tierra acoge las semillas y las hace brotar. Las cuida en su vientre, bajo el suelo, para que florezcan.

Tu abrazas la semilla para que pueda brotar la vida.

Le das calor, la resguardas, le das un hogar.

Me das la forma para que la chispa pueda contenerse en un lugar y no se desparrame en el vacío.

Tu eres el origen, y yo el final, juntos somos infinitos, separados, incompletos.

Nos une el placer de encontrarnos, de olvidar el engaño, la amnesia de nuestros corazones.

El recordar el amor verdadero que nos une por siempre, en el latido de nuestro corazón.

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