Relación

Estuve en muchas relaciones pero en realidad no estaba en ninguna.

Porque no había relación. Simplemente me estaba relacionando conmigo mismo a través de otro. El otro se estaba relacionando consigo mismo a través de mí.

Para que haya relación es necesario que haya dos seres, dos elementos que se relacionan. Y a través de esa relación, nace un tercero que es la relación.

1+1=3

En esa relación, se crea un proyecto juntos, aunque ese proyecto sea simplemente gozar un instante. Pero si no hay relación, no podemos cuidar nada juntos.

Porque nada nos une. Estamos juntos para estar separados. Es una soledad, un individualismo, a dúo.

Cuando las relaciones estan sustentadas solamente en emociones, están condenadas a no llegar nunca a ser relación. Porque nos movemos por impulsos.

Amar nuestras sombras, nuestros miedos, nuestras dudas. Caminar juntos en el respeto y la vulnerabilidad. Respetar los tiempos y espacios.

Es necesario que haya una estructura que sostenga esas emociones, para que cuando éstas se marchen, siga habiendo relación.

El amor es la estructura. Por eso decimos que dejamos de amar o que se acabó el amor. Es una muestra de nuestra vanidad.

El amor no se acaba ni empieza. Siempre está. El amor está en nosotros, es nuestra naturaleza. No se puede ir.

Cuando ambos que se relacionan, están vacíos, o carentes, no pueden entregar su unidad al otro, entonces, lo que ocurre es que se usan mutuamente para lograr esa integridad que les falta, esa unidad.

Así sucede con muchas familias. Se pasa el muerto al hijo. Muchos matrimonios y parejas se sostienen sobre la base del hijo, que hace de estructura, de sosten de esa relación que no tienen.

Dicen que están juntos por su hijo, para que no sufra, etc. En realidad están juntos por que no lo están, porque no hay relación, pero no quieren asumir su vacío. Así cargan con la responsabilidad al niño/a de llenar a ambos. De sostenerlos.

Los hijos acaban siendo la base, la estructura de esa “relación, sin relación”.

Eso solo genera que el niño de mayor, hará lo mismo, buscará una persona para llenarse y tendrá hijos para seguir sosteniendo el paradigma de la carencia y el vacío.

No tendrá hijos por el placer de dar amor, de entregar amor. Sino que tendrá hijos por la vanidad, por el hambre de amor, para que le den amor.

Serán seres que darán pidiendo.

Postergando el vacío por los siglos de los siglos, hasta que un miembro elige completarse por si mismo.

En este punto, las lealtades inconscientes a la familia se dispan. La familia, la formada en base al miedo, es la primera gran secta a la que pertenecemos. A la cual vendemos nuestra libertad en busca de pertenencia.

Antes de estar en una relación es necesario aprender a relacionarnos con nosotros mismos.

A fin de cuentas, estaremos juntos toda la vida.

Comprometernos a escucharnos, sentirnos, respetarnos, darnos lo que necesitamos, pedir lo que necesitamos, no abusar de nosotros mismos. Sólo así podremos hacerlo en los demás.

Porque uno puede estar en una relación, sin relacionarse. La relación le sirve para no llegar a sí mismo y complacerse a través del otro.

El otro le sirve de marioneta, de espejo de lo que no quiere ver de si mismo. Ama al otro para amarse a sí mismo.

Eso entraña un pequeño problema. Si el otro se quiere ir, o simplemente le apetece experimentar otras cosas, sin que ello implique que tu desaparezcas de su vida, tu integridad se va por el retrete. Tu vida se desmorona.

Creías que el otro meneaba el rabo por ti, y resulta que lo menea solo.

Nada ni nadie te pertenece, está contigo por placer de estar. Y cuando se ha acabado ese placer, porque a ninguno de los dos le interesa más eso, pues se va.

Fin de la historia.

‘Te estuve buscando por muchos caminos, en formas externas, en lugares, en la religión formal, en las diversas filosofías y sistemas, en viajes, en lo mundano y sus valores, en seguir a personas que yo mismo encumbraba al grado de maestro; y cuando rendido me di por vencido entonces te vi, siempre habías estado en ese mismo lugar: en mi corazón’. (Rumi)

“Tú eres yo, y yo soy tú.
¿No es evidente que nosotros “inter-somos”?
Tú cultivas la flor en ti mismo,
para que así yo sea hermoso.
Yo transformo los desperdicios que hay en mi,
para que así tú no tengas que sufrir.
Yo te apoyo;
tú me apoyas.
Estoy en este mundo para ofrecerte paz;
tú estás en este mundo para traerme alegría”.
(Thich Nhat Hanh)

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