El desván del inconsciente

¿Que es el inconsciente?

¿Un desván donde guardamos los recuerdos que no hemos podido vivir plenamente? 

Historias a medias. 

Vivimos acumulando frustración. La frustración de nuestro deseo.

¿El rincón de las frustraciones y sueños no vividos? 

Las energías del inconsciente son como vestidos, historias que siempre quedaron por poner, por vivir. Vidas que quedaron por vivir. 

Hasta que llega alguien y las vive. Usa esos vestidos. Pero no se queda con un vestido. Sino que los usa todos. Todos forman el armario, no busca identidad en ninguno. No tiene favoritos. Todos son sus favoritos.

Cuando alguien te dice que no le gusta ese vestido, no te lo tomas como algo personal. Tu sabes que no eres eso. Que estás más allá. Tu sabes que tan solo eres la percha para que el vestido pueda ser visto, termine su labor como vestido.

Tu solo cumples una misión, pero no te identificas con ella. Estás disponible, escuchas y realizas. Terminado el trabajo, agradeces y pasas a lo siguiente.

Si hay que amar, amas. Si hay que odiar, odias, si hay que matar, matas, ya está, eso es todo. Obedeces al mandato de la vida, como una orden de batalla. Y te liberas.

Te liberas de la ardua carga de ser algo, de ser responsable o autor de algo.

Tú solo pones conciencia, el lugar para que el vestido sea puesto.

En el inconsciente están todos esos momentos vividos a medias, momentos a medio gozar, a medio vivir. Momentos en que por miedo a disfrutar, a sentir el placer de la vida, nos separamos de ese momento y lo vivimos desde algo llamado afuera.

Es como si hubiéramos estado allí, pero no estábamos. Porque estábamos viviendo el momento a través de un cristal que nos protegía.

Estabamos pero no del todo. 

¿Protegernos de qué? 

De lo que somos. Puro gozo, fuerza, vitalidad. De lo que hemos vivido huyendo. 

El inconsciente está hecho de placer. De vida. De lo que somos y negamos.

Pero como hemos reprimido el placer, hemos creado un desván de volcanes.

La libido, la Kundalini, la serpiente emplumada…

Simplemente placer de vivir, almacenado.

¿Alguien ha creído alguna vez que se puede guardar la vida, el deseo, en algún lugar? La vida de verdad. El deseo desde las entrañas de nuestro ser. No esa imitación barata que nos han vendido.

Sexo y placer no tienen nada que ver. El sexo sólo es un símbolo. Una puerta. 

La sexualidad es la extensión del placer por todo nuestro ser.

Es sentir el orgasmo a cada instante de estar vivo. Tocar la vida y sentir el gozo de estar aquí. No desear estar en ningún otro lugar que aquí, ahora.

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