Huir

Ya puedes entrenarte a correr todo lo rápido que quieras, que al final, siempre acabas delante de ti.

Puedes inventarte todas las historias y personajes que quieras. Al final acabarás delante de ti.

Puedes irte a la otra punta del mundo. Que tu mochila va contigo. Allí donde vayas colorearás los escenarios con tus frustraciones y exigencias. Tu vida eres tú, por tanto, no puedes huir de ti. Va contigo donde vayas.

Y así es la vida, puedes vivir toda la vida engañandondote y buscando excusas para no mirarte delante del espejo y asumir tu propia mierda. Pero un día la vida es más astuta que tu y te dice, mira bonito, todo esto eres tú.

Todo lo que has puesto ahí afuera eres tú. Esta es tu vida. No son los demás, ni eres ajeno a todo esto.

Entonces, como en estado de shock, no puedes hacer otra cosa que asimilar, que aceptar lo que eres.

Abrazarte con infinita compasión. Y perdonarte por haberte hecho tanto daño.

Dejar tus personajes inventados para compensar tu sentimiento de inferioridad. Tu infinito sentimiento de carencia y desamparo.

Dejar de creerte elegido por algún Dios, con superpoderes para llevar a cabo una misión especial, y asumir tu absoluta insignificancia.

Y quizás así. En esa pequeñez, te vuelvas grande. Pero es, por ser pequeño. Por no ser nada.

Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.

Pablo Neruda.

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