Amor como finalidad

Nadie me abandona, abandono el sentir, me abandono, al buscarme en ti.

Busco seguridad en ti, y me creo mi propia falacia.

Por eso cuando te vas, me devuelves mi engaño, mi traición.

Me devuelves el fluir del agua, el mismo que había detenido al usarte como presa o embalse.

Me devuelves mi propio engaño, tratando de conquistar o seducir al miedo y por tanto, al amor.

Amar es amar. 
Depender es depender. 

No amo para obtener seguridad, o para no sentirme solo. 

No amo para que me amen.

No cuido para que me cuiden. 

No escucho para que me escuchen.

Amo, cuido, escucho, porque eso soy. Lo hago como extensión de mi, no me uso como objeto para obtener algo. Ahí caigo en mi propia trampa.

Amo porque esa es mi naturaleza. No amo para algo, para que me reconozcan, me cuiden, me amen.

Amo porque eso soy, amor

No hay finalidad en el amar, y a la vez el amor en sí mismo es la finalidad. No hay ningún objetivo. 

Nos hemos creído objetos y nos volvemos esclavos de nuestro propio condicionamiento.

El personaje se ha apoderado de nosotros. La inconsciencia se ha adueñado. Si no usas tu conciencia, ella te usa a ti.

Hemos aprendido a usarnos, hacer las cosas para obtener otras. 

Si me porto bien…
Si saco buenas notas…

Si te cuido…

Si soy un buen amante…

Viviendo condicionados.

Vivir conectado con el corazón ya es en sí mismo una finalidad. No hay medio para obtener un objetivo. Porque no hay objetivo, ni medio.

El objetivo y el medio son éste momento, éste instante, la conciencia que se me da constantemente.

No hay más.

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