Muerte

¿Qué es la muerte, o qué es la vida?

Siempre me produjo una extraña mezcla entre fascinación y aversión el misterio de la muerte.

La muerte como el hecho de que algo u alguien desaparezca de repente de mi vida.

Ya sea porque haya muerto físicamente o porque no vuelvo a saber nada de esa persona, es decir, que se murió la relación.

¿No es lo mismo? Aunque pudiera volver a tener contacto con la persona con la que tenía relación, la parte de mí que era en ese momento, se murió.

Es como si en una pizarra hubiéramos escrito o dibujado cosas, identificandonos con esos dibujos y de repente, desaparecieran, la vida las borrase.

No recordamos que fuimos nosotros o nuestra mente quien esbozó todos esos símbolos, imágenes. Formas a las que les dimos vida.

Cuando desaparecen, tenemos la sensación de que desaparece una parte de nosotros, porque nos hemos identificado con lo que desaparece.

En esa etapa, cuando la pizarra está vacía, es cuando podemos volver a escribir y disfrutar de las nuevas formas, o simplemente del vacío. Porque el vacío es un vacío fértil, un espacio-lugar donde nace la vida. El vacío no es un pozo sin fondo. Un lugar de no retorno, el inframundo.

Sin embargo, como no queremos soltar nuestra forma, y recorrer ese espacio de vacío, buscamos excusas para seguir manteniendo la forma inicial viva, alimentando un pensamiento voraz, una imagen, una forma cuya naturaleza es insaciable. Haciéndola cada vez más grande, aunque eso nos provoque dolor.

Escribir, borrar, volver a escribir; todo es un mismo proceso. Aunque lo percibamos de manera aislada. Nacimiento, muerte, renacimiento…

Un ciclo vital ineludible.

Al final cuando alguien muere, ¿qué sucede?

Una forma de organización energética aglutinada bajo un nombre, se reestructura, se desdibuja de nuestra vida. Se reorganiza un conjunto de información energética que vuelve a su origen, para dar vida a otra cosa.

Igual sucede con nosotros mismos, si estamos sensibilizados con nuestro ser. Podemos sentir como constantemente nos estamos transformando, muriendo. Cada día partes de nosotros se van.

Sin embargo, nosotros seguimos atados, pegados a esa forma inicial de organización. Nuestra mente se ha enganchado como un drogadicto a su droga.

Las relaciones mueren, pero el vínculo, siempre está vivo, pues no podemos perder lo que somos. No podemos morir. Quizás no nos volvamos a encontrar bajo la misma forma, pero, lo que somos, nuestra esencia, siempre permanece.

Hay mucha demanda en la vivencia de la muerte de alguien. Alguien que vivía a través de otro/a, es decir que le pedía el reconocimiento de su forma, se va, y se enfrenta a su propia muerte. No la del otro/a. No llora por alguien. Llora porque tiene miedo de perder su forma. Llora por si mismo/a.

No lloramos por nadie.

No sentimos lástima por nadie.

No amamos a nadie.

Usamos a los demás para llegar a nosotros mismos. Somos nosotros a través de los demás. Porque somos uno.

Eso es todo.

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