Ser

Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno encuentre la suya.

El principito.

Me di cuenta que vivía frenando mis necesidades. Cuando me surgía un deseo, lo evaluaba, como si tuviera que pasar por una aprobación. Es como si dentro de mi psique hubiese un guardián que dijera tu puedes pasar, tu no.

Algo así como cuando un niño pide permiso a sus padres para poder hacer tal o cual cosa.
“¿mamá/papá puedo ir a la playa?
Así crecí. Pidiendo permiso. Ahora bien, ¿Quiero seguir viviendo pidiendo permiso?
¿A quién le pido permiso?

¿Permiso para qué?

¿Quién tiene derecho a ser soberano/a de mi vida como para gobernarla?

¿Pedir permiso para ser lo que soy a una sociedad, a una cultura enferma?

¿Pedir permiso para ser lo que soy a personas en quienes he depositado mi derecho a ser, mi afecto?

¿Qué necesidad tengo de delegar mi vida?

Ninguna.

Aquí es cuando surge la verdadera necesidad, sentir.

Cuando no quiero sentir emociones, como rechazo, desamparo, abandono, soledad, entre otras, viene la mente al rescate.

La mente inconsciente crea una “entidad” a la cual entrego lo que no quiero sentir, quedando atado a ella. Necesitaré una persona, una creencia, que contenga lo que no quiero ver y reconocer en mi. Vendiendo mi vida a ella. Aquí nacerá el apego. Y con él, mi sufrimiento.

Así, la creencia o la persona, se convertirán en un contenedor de mis frustraciones, mi “paracetamol”, para cada vez que sienta el dolor de la soledad.

No las podré dejar ir, ya que dejarlas ir implica enfrentarme a lo que me negué a sentir.

Hasta que no reconozca que yo también soy eso que proyecto fuera como algo ajeno a mi, seguiré luchando, defendiendome, pensando que alguien me ataca.

Aquí surgirá la raíz de la violencia. El apego a mi historia, a mis creencias, a las personas con las que me identifico, las que rechazo….

Tenemos derecho a tocarlo todo, sentirlo todo, pero no a quedarnos con nada. Nada poseemos, nada trajimos, nada nos llevaremos.

Somos hijos de la vida. Pertenecemos a ella. Pero tenemos tanto miedo a lo que somos, a reconocernos en algo mucho mayor que nuestro pequeño mundo, nuestra creencia de lo que somos.

No necesito una creencia que actúe como autoridad externa. Sólo está enmascarando mi miedo a sentir.

Es cuestión de respetar lo que soy. No hay bien, o mal, mejor o peor. Todo el sentir es bienvenido.

Nada ni nadie puede darme el permiso para sentir, ser. Porque ya soy. Y para ser, no necesito permiso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s