Amor

Reconozco que he vivido imponiendo condiciones a lo que yo consideraba que era el amor. Que sólo me sentía amado si las personas cumplían unas determinadas condiciones.

Inconscientemente filtraba lo que recibía de los demás a través de lo que creía que era el amor y el afecto. Exigencias, una larga lista inconsciente de condiciones que lo único que hacían era generarme sufrimiento y alejarme del amor real.

Entonces como la mayoría de las veces no cumplían lo que yo necesitaba, concluía que no me querían, que no me sentía amado.

¿Quizás era una manera de huir del amor?

¿Quizás en realidad no me sentía merecedor de amor, y mi propio miedo, me hacía poner unas condiciones muy exigentes que nadie pudiese cumplir?

Pero, ¿Y si todo lo que la vida me da, todo lo que recibo es amor y no he sido capaz de reconocer esa belleza subyacente en la vida?

Mis creencias sobre el amor me impedían sentir el amor. Limitaban lo que recibía de los demás. Eran como unas gafas que modificaban lo que veía.
Así, quizás he estado siempre recibiendo amor y nunca he sido capaz de verlo.

Ya lo dicen, a menudo miramos, pero no vemos. Y ese ha sido mi caso. Miraba, pero como mi mirada estaba sesgada por mis creencias, era imposible ver.

Reconocer que la vida nos da a cada instante todo lo que necesitamos y que somos nosotros quien lo despreciamos, nos lleva a la humildad.

Hay mucha pretensión en nuestra forma de vivir. Y eso solo trae sufrimiento.

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