La vida, el gran misterio

Reconozco que he buscado en numerosas ocasiones un motivo que me explicase porqué te gustaba, te caía bien, era agradable…

Me preguntaba, ¿Por qué a unas personas les parezco la persona más agradable del mundo y a otras la más detestable? En el fondo ambas estaban en lo cierto, cada una ve el mundo según su punto de vista.

Entonces…

¿Será porqué le gusta mi cara?

¿Será porqué le gusta mi cuerpo?

¿Mi forma de ser?

Lo que somos y atraemos a otras personas es un misterio. Un misterio que nosotros queremos resolver, y nos quedamos atrapados en él. ¿La respuesta es que quizás no hay respuesta? Que la naturaleza del misterio es esa, permanecer misteriosa. Y esa es la gracia.

Cuando queremos hacer asociaciones y encima nos creemos las conexiones, hemos aniquilado el misterio, la vida.

Del mismo modo que cuando siento que mi tiempo junto a alguien se ha acabado, ¿hay algún motivo?

El mismo motivo que nos hizo estar juntos. ¿Y qué nos hizo estar juntos? Pues no lo sé.

Los motivos, las conexiones, los porqués, son solo excusas, atajos para no sentir todo lo que hay detrás. La vida no tiene motivos para vivir. Sólo vive. Sólo siente. Sólo hay vida ansiosa por vivir.

Quizás es ese nuestro gran enigma, la pregunta sin respuesta, nuestro gran portal hacia el miedo, el abismo.

Mis huellas las va borrando el mar y tal vez no se pueda volver.
¿A donde iré? no lo sé, ya lo descubriré y ¿qué mas da?

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