Bienvenid@ seas. Primera parte

Crónica de una muerte anunciada:

Qué mierda,

De que me sirve tener dinero si no puedo disfrutar de él.

De que me sirve tener vida si no puedo disfrutar de ella.

De que me sirve tener pareja si no puedo disfrutar con ella.

De que me sirve tener buena salud si no puedo disfrutar de ella.

Me siento tan atrapado… Atrapado por mi propio apego a las cosas, vínculos, personas…

Siento tanto miedo.

No puedo disfrutar del dinero, porque si disfruto y lo gasto me quedo sin él, y si lo conservo, no puedo disfrutar de nada. No sé que hacer. Me siento tan atrapado en mi miedo.

Tengo miedo a no ser capaz de generar más dinero. De quedarme sin. Me da miedo la escasez. Pasar hambre. No tener dinero para pagar.

Me siento limitado.

Igual me sucede con el tiempo. Pienso que es escaso y que no vuelve que me da miedo perderlo.

Entonces, preso de ese miedo, no hago nada, abandono todo lo que me gustaría hacer y acabo haciendo precisamente lo que temo. Perder el tiempo.

Me quedo dando vueltas tratando de encontrar un momento que sea no pérdida de tiempo y así sigo por los siglos de los siglos.

Igual me sucede cuando tengo pareja. Tengo tanto miedo de perderla que no puedo disfrutar con ella, porque estoy constantemente alerta para que no se vaya, que es una agonía. Ni contigo, ni sin ti.

Entonces, con eso, lo que consigo es perderla, lo que más temía.

Asi, no podía vivir sin ella porque la necesitaba y tampoco con ella porque tenía miedo a perderla. ¿Y el disfrutar de lo que la vida me ofrece, para cuando?

Si quiero hacer deporte pero tengo miedo a hacerme daño… Poco puedo disfrutar.

Solo puedo disfrutar y gozar en libertad. Mientras esté atrapado por un concepto, por una emoción, no soy libre. Soy arrastrado por ellos.

Solo cuando puedo soltar algo entonces puedo abrazarlo. Mientras, solo estaba pretendiendo abrazarlo.

Solo puedo tener cuando me olvido de tener.

Solo puedo ser cuando me olvido de ser algo.

Solo puedo disfrutar cuando me olvido de disfrutar.

El mundo me devuelve mis propias limitaciones para que sea consciente de lo que no soy.

No puedo tener nada.

No puedo disfrutar de nada.

No puedo ser nada.

En ese no-tener, no-ser, no-disfrutar, sucede lo real. Porque lo que soy está más allá de toda creencia, de toda forma, de todo ser.

Ahora bien, no-miedo no significa ausencia de miedo, no sentir miedo o rechazarlo. Luchar contra el miedo o no permitirme sentirlo es decirle a la emoción que aquí no tiene lugar porque es non grata. ¿A ti te gustaría que cuando llegases a un lugar te dijeran, aquí no eres bienvenido/a?

Pues al miedo le sucede igual. Tan solo quiere ser abrazado. Y en ese espacio de no-miedo es cuando sucede algo maravilloso.

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