Recortar jirafas

Tuve una vez un profesor en la universidad que su máxima siempre fue invitarnos a reflexionar y a pensar por nosotros mismos, el nos decía que no estábamos aquí para “recortar jirafas”. En su día, tenía mucho sentido, pero hoy, aún más.

Nuestra manera de funcionar en este mundo nos lleva desde niños a relacionarnos con la realidad a través de dibujos y imágenes que supuestamente en ese estadio inicial nos ayudan a entender, interpretar, de una manera más sencilla y clara lo que sucede.

Quizás debido a la inmadurez de nuestra mentalidad y consciencia, precisamos de una etapa inicial en la que los símbolos (palabras, imágenes simbólicas) tienen una mayor importancia y presencia que no tanto nuestras sensaciones, valga la redundancia, nuestra PRESENCIA.

De adultos repetimos estas pautas de relación a través de los pensamientos. A través de los pensamientos nos dibujamos, imaginamos la realidad, la interpretamos según nuestros condicionamientos y instrucciones. Creamos una realidad dentro de otra realidad. Podríamos decir algo así como que nos creemos tan sabios que queremos tener nuestra propia realidad, a la cual le damos tanto valor, que acabamos confundiendo mucho mayor que el que sin darnos cuenta de que esa parcela de realidad autocreada, nos impide ver la realidad que ya es.

Dibujamos a los demás y a nosotros mismos. Nos imaginamos. Nos imaginamos la vida a través de nuestros pensamientos.

No nos relacionamos con la vida, ni con los demás, nos relacionamos con nuestros pensamientos.

Recortamos trozos de realidad y los hacemos nuestros, creyendo las imágenes y historias que nos hemos contado sobre estos fragmentos. Llenamos esos recortes de emoción. Luego sufrimos. Nos sentimos incompletos y escindidos.

Creamos un mundo dentro de otro mundo. Nos creemos superiores por haber desarrollado esta facultad de interpretar el mundo, de construir un mundo mental, dentro de una realidad, que ya es, no hace falta añadirle nada. No hace falta construir nuestro mundo. Eso solo nos genera sufrimiento. Porque es una arma de defensa para defenderlos del mundo, de lo que es. No es lo que queremos que sea. Sino lo que es.

Somos seres narrativos, andamos explicándonos la vida y contándonos un cuento constantemente. Como el niño o la niña que necesita que su padre/madre le explique un cuento para ir a dormir… Nosotros nos explicamos un cuento para vivir…

Pero precisamente, vivir, implica salir de ese cuento. Y eso pasa por ir a la raíz de lo que originó toda la narrativa.

El miedo y con él, el deseo que dan origen a toda historia mental.

Vivir implica experimentar, disfrutar, ser uno con la vida. Abrazarla.

No existe un afuera, todo es, es un dentro/fuera. No hay tú y yo. Somos parte de la misma conciencia. No puedo apoderarme de NADA. No puedo separar nada. Ni adentro, afuera, ni cielo ni tierra. Ni siquiera puedo, porque no existe un yo que pueda.

No hay nada que agarrar, que lograr, ni alguien que agarre o logre nada. Cada vez que agarro algo, una imagen, una sensación, un pensamiento, estoy condenado a sufrir. Estoy creyéndome la película sobre mí mismo. Estoy bajo mi propia pretensión.

Esta cultura de energía marciana, nos ha educado en la conquista. Hemos sido víctimas de nuestro propio miedo y deseo.

Nos hemos ido hacia fuera. Nos hemos inventado el conflicto.

No hay conflicto. Porque lo que hay detrás del conflicto es miedo, y a su vez deseo, el deseo de una consciencia que se percibe a sí misma escindida, y que busca, poseída por el miedo, encontrarse consigo misma.

La solución no pasa por seguir la voz del miedo.

La ira ha dominado nuestra vida. Porque nos sentimos profundamente heridos, profundamente separados los unos de los otros.

Hemos olvidado que todo esta dentro de nosotros.

Hemos buscado fuera lo que nos faltaba, y con ello hemos generado hambre y guerra. Tenemos tanta hambre, que nos comemos unos a otros. Pensamos que la imagen, el pensamiento que tenemos sobre otro, nos va a alimentar. Somos caníbales pensantes-emocionales.

La guerra se produce dentro nuestro. Entre nuestro pensamiento y nuestro sentir.

¿Realmente nuestra sociedad ha avanzado? ¿Mejor dicho, es que existe a caso algo llamado avanzar, o siempre estamos en el mismo sitio?

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