Impotencia

Siento una impotencia arrolladora. Brutal.

Me siento infinitamente pequeño ante la grandeza de la vida. Siempre me había sentido por encima de ella. Y ahora sin embargo me siento tan minúsculo.

Siento que no importa lo que haga, lo que diga, da igual. Porque nada, NADA va a llevarme cerca de ti. Es inútil.

Es nadar contra la corriente bajo una tormenta de verano. Las olas son demasiado grandes y ya no puedo con ellas.

No puedo luchar, no puedo hacer nada. Me corroe la rabia por todo mi cuerpo. Me quemo de mi propio fuego, me hundo con mi propia agua. Es muy duro. Quiero tenerte aquí. Quiero que estés conmigo.

Creía que tenía un gran poder poder y la capacidad de hacer y lograr, conseguir todo aquello que quisiera.

Me creía que con solo desear y pedir, la vida me tenía que dar lo que yo quisiera y deseara. Tan solo tenía que pedirlo y la vida como un gran padre, concededor de todos mis deseos me lo daría.

Creía que todo el mundo tenía que estar disponible para mi y darme su atención. Que yo era el centro del universo. Que lo merecía porque yo lo decía.

No valoraba lo que las personas me daban, ni el tiempo que me prestaban, creía que lo merecía porque si. Por haber nacido. Pues, total, yo era el rey y me tocaba todo por derecho divino.

Nada me costaba ningún esfuerzo, y nadie supo poner límites a mis caprichos y deseos. Crecí con la falsa idea de “pide y se te dará”

Pero no, esto no va así.

Mi padre me crió así, y así me convertí, y no, no le culpo, simplemente eso es lo que aprendí. Y así también aprendí que los límites que no me puso él, alguien me los tenía que poner. Que no soy el rey ni tengo el mundo bajo mi mando.

Que la vida me ha puesto límites. Y doy gracias por estos límites, porque he podido crecer. Porque sin estos andaría perdido. Y aunque me siento como un niño cabreado y enfurecido porque no he obtenido el juguete que pedía en el supermercado, se que es necesario y que es lo mejor que me puede pasar.

Y tú….me confrontaste con mis propios límites y me mostraste la humildad.

No, no puedo lograr nada. Tan solo soy un discípulo de la vida. Que no hay nada que lograr, ni nadie que logra nada.

Que sin saberlo me hiciste el mayor regalo de la vida… No salirme con la mía.

No quiero poder si éste ha de servir para alienarnos, mutilarnos y engendrar, alimentar el odio. Renuncio a él. No necesito defenderme de la vida ni de nada. Mi mayor defensa es NO SENTIRME ATACADO.

No quiero nada que nos haga sentir separados. Solo la vulnerabilidad, la disponibilidad y el sentir que somos parte de un todo.

Gracias, gracias, gracias

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