Batallas internas

Desde que me levanto ya estoy atentando contra mi. Diciendo que lo que ocurre no debería de ocurrir, que el despertador no debería de sonar, que debería ser otra hora. Debería estar descansado.

Cuántos debería. Por cada debería una bomba explota en mi interior y me muero un poco más. Misiles en forma de pensamientos atentan contra mi. La guerra solo existe en nuestro interior.

A todo eso, cuento con el mecanismo fácil y barato de buscar alguna cabeza de turco que me resuelva mi malestar interior, así, creeré que pasándole la tostada a esa persona o suceso, ya me libraré de él. Que fácil decir, es que estoy cansado porque mis gatos me han levantado, despertado. Es que no podía dormir porque mi vecina… Mi pareja… Siempre es más fácil buscar un culpable.

Mi miedo a lo desconocido, a no encontrar una explicación, a comprender que la vida no tiene una relación causal o lineal me lleva a contarme una historia de la vida y creérmela.

Que lo que sucede nada tiene que ver con lo que sucede y a la vez tiene todo que ver. Que no hay nada que explicar y si mucho que SENTIR Y VIVIR. Que mi gato es perfecto y mi vida también, simplemente porque suceden. Pero no hay una CAUSA.

Ah pues claro, si me he despertado es porque mi gato me ha despertado….

Igual sucede cuando siento deseo, odio o amor. Todo nace y parte de mi, cuando siento amor, no necesito una causa para ese amor, ni necesito amar a alguien. Soy amor y ese amor ya tiene un contenedor que soy “yo,” entonces extiendo ese campo de amor en el mundo, y te amo. Soy como un proyector, proyectando diapositivas de colores en el mundo. El mundo me refleja los colores que emito.

Ahora bien, si creo que eres tú el/la que crea esa sensación y no el/la que la refleja, entonces te estoy dando el poder. Te necesitaré para que me ames, etc. Estableceré una relación causal.

En una relación sinérgica te amo porque me amo, y somos amor.

No necesito que contengas mi emoción porque ya le he dado espacio en mi. La he reconocido.

Segunda parte:

Me miro al espejo. He creído que era esa imagen que veía de mi. Pero no, no soy una imagen. Soy la vida que crea esa imagen, la chispa, la fuerza. Necesito una imagen para vivir en este mundo, pues de otra manera no podría contener mi experiencia en ninguna vasija, y entonces todo el agua se desbordaría.

No puedo ver la luz directamente, pues me quemaría y veo la luz a través de las imágenes y de las formas que la vida ha creado. Pero, es lo que contiene la imagen, no la imagen en sí, es lo de dentro, no lo de fuera.

Soy, y a la vez no soy una imagen escindida de la imagen global, un recorte de la vida. Y ahí el dolor. Cuando me veo así, me veo solo y alineado. Pero cuando me reconozco en la totalidad, estoy en paz. Ahora puedo elegir, amo ese pensamiento, pero no soy esclavo de él, amo mi imagen pero no me vanaglorio ni la separo del resto, me observo, en el infinito de imágenes…

Aquí estoy, soy parte de todo.

Esa imagen de mi mismo es fruto de un pensamiento. Ahí nace todo, en un pensamiento. Me pienso a mi mismo. Y entonces me creo. Me he creado a mi mismo, me he imaginado a mi mismo… Creo la historia de mi vida y me cuento mi propia historia… Descubro al pensador.

El pensamiento se autoprorege para mantener su forma inicial, pero no sabe que su misión es fundirse con otros pensamientos mayores a él, hasta alcanzar un no pensamiento. Es entonces, cuando se autodescubre y se reconoce de verdad.

He creado y he amadopensamiento.

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